11 mayo 2010

Inesperado...



Eran aproximadamente las 2 de la madrugada cuando el crimen fue consumado.


Elisa desesperada, corría.
El sonido de sus zapatos, altos y puntiagudos, resonaban en las paredes de esa ciudad desolada; su largo vestido oscuro, bailaba al compás del viento; la débil luz citadina se reflejaba en sus lágrimas; sus pupilas, excitadas; su boca, seca; su respiración, agitada.


Ella escapaba, pero ¿de quién lo hacía?


El cuerpo yacía tendido en el frío suelo de una noche "otoñal", bordeado de sangre; puñal al lado. 


Un soliloquio se asomaba: ¿porqué lo hice?, ¿porqué?. Tal vez se lo merecía... o tal vez ¿no?. Me lastimó demasiado. Necesitaba ser vengada, pero ¿porqué?. Aún lo amo. Y lo peor es que no me siento culpable.


Ella calló de cansancio.


A la mañana, abrió los ojos y lo único que vió fue la misma luz que la contemplaba meses antes. Esa luz artificial.


La mujer se encontraba en el mismo cuarto acolchado, pulcro, blanco.


Elisa había regresado a su hogar. Estaba de vuelta en casa.

1 comentario:

Fernando Waroto dijo...
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